La historia transcurre en el verano de 1960.
Llegué al pueblo de mis abuelos, bajo el cálido y ardiente sol de la mañana. Allí en la plaza mayor estaba mi sobrino Daniel que estaba jugando al fútbol con los otros niños y amigos. Después de verle le pregunté por donde quedaba la casa de los abuelos. Me dijo que estaba cerca de la casa del alcalde y tras escucharlo, me fui hacia esa dirección.
Era cierto está muy próxima a la casa del alcalde, pero también lo estaba del polideportivo municipal. Ya casi llegando a la casa de ellos, me detuve en el puente que cruzaba el río, para contemplar el bello paisaje que tenían los alrededores de este lugar.
Cuando llegué a la casa, fui al encuentro de ellos. Al verlos salir por la puerta de la nueva casa, les saludé y nos dimos un gran abrazo de bienvenida. Mi abuelo muy sorprendido, me dijo: “¿Has venido tú solo o vienen más contigo? Yo le respondí que no, que de momento venía yo, pero que no se preocupara, porque dentro de dos semanas vendría el resto de la familia. Él se tranquilizó y mientras que mi abuela nos preparaba la comida, mi abuelo me enseñó la habitación donde yo iba a dormir.
La habitación daba a un patio en el que había una enorme piscina de grandes dimensiones. Le pregunté a mi abuelo que si en esa piscina, se puede bañar todo el mundo. Él me dijo que sí, porque esa piscina es pública y se puede bañar cualquier persona. Siguió enseñándome la habitación y tuve la gran sorpresa de que tenía una preciosa cama con sus sábanas limpias y con dibujos de flores. También y al lado derecho de la cama había una estupenda mesita con su lámpara. Cuando mi abuelo y yo terminábamos de ver la habitación, mi abuela nos avisó de que la mesa estaba puesta y que bajásemos a comer la magnífica sopa de fideos que estaba preparando.
Cuando estábamos en la última cucharada, mi abuela nos sacó las natillas y tras comérnoslas, les pregunté sí me podía ir a la piscina a darme un baño. Mis abuelos me dijeron que sí y acto seguido subí a mi habitación, me puse el bañador y cogí la mejor toalla.
Estaba preparado y bajando las escaleras para salir en dirección hacia la piscina dispuesto a darme un bonito baño y a pasar una hermosa tarde.
Justo al llegar a la entrada vi que dentro del recinto había cuatro mujeres muy guapas, rubias y de buen ver. Estuve con ellas un buen rato hasta que llegó la hora de regreso a casa.
Después del relajante baño, de vuelta a casa vi un gran coche en la puerta de entrada. Me acerqué y resultó ser el coche de mis padres que venían con una parte de mi familia.
Mientras que mis padres y mi familia saludaban a los abuelos, me fui a la ducha a cambiarme y a ponerme guapo para cenar.
Mi abuela hizo bastante comida para cenar, y tanto yo como mis padres y como el resto de mi familia, nos pusimos a la mesa a disfrutar de estos deliciosos manjares que nos brindan en esta tierra andaluza, Santisteban del Puerto (Jaén).
José Antonio
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