21 may 2014

Certamen literario: Los recuerdos de mi abuela

Mi  abuela  se llamaba  María del  Rosario. Vivíamos toda  la familia  en  su  casa, en  un  pueblo  de  la  provincia de  Barcelona  llamado Viladecans.
Mis hermanas y yo, estábamos  más tiempo con mi  abuela, porque mis  padres  trabajaban  todo el  día.
Ella  para  mi  siempre  fue  una  persona  muy  especial  por  muchos  motivos. 
Era  una  mujer  muy  buena  y  tenía un  corazón  muy  grande, para  todos  sus  amigos  y familia.
Lo  que  yo  recuerdo de mi abuela, es que era de un pueblo de Alicante, que  se  llama Redobán.
Fue  siempre  una  buena  cocinera, y aunque no sabía leer  ni  escribir, conocía muy  bien a todos los artistas, a la gente de las  revistas y a los de la televisión.
Tampoco sabía contar, pero llevaba muy bien las cuentas de su casa. Cuando ella iba a comprar  no la  podían  engañar con  el  dinero.
A  sus  nietos  nos  relataba historias muy  interesantes  de  cuando era  joven, que  mis hermanas  y  yo  nos  quedábamos con la boca abierta de las fantásticas historias.
A mi  abuela  le encantaba ayudar  a  su  familia.
Recuerdo  que  ella,  iba  a  comprar  a  la  tienda  que  tenía  en  frente, de  su  casa. Compraba  un  poco   de  todo  lo  que  ella  podía  y  hacia  cuatro  paquetes de  comida  iguales  para  cada  hijo. 
Otro  de  los  detalles  que  ella  tenía  era  ayudar  a  sus  nietos  en  todo  lo  que  ella  podía.
Eran  seis  hermanos  y  tuvo  cuatro  hijos  un  varón y  tres  chicas.
No  sabía  hablar  el  catalán,  pero  lo  entendía   todo, lo  único  que  sabía  decir  era:  buenos  días,  buenas  tardes, buenas  noches  y  adiós.
Su  entretenimiento  y afición  era  cuidar a las  plantas  y flores. En su  patio  tenía: rosas, claveles, amapolas,  orquídeas, girasoles, margaritas  y violetas. Conocía muy bien  todas  las  plantas  y  flores.
Cuando  yo  era  pequeña, mi abuela tenía una  melena  que  le llegaba  hasta  la  cintura  de  lo  larga  que  la tenía. En  el  patio  se  ponía  sentada  en  una  silla  de madera y  se  tiraba  un rato  cepillándose  su  melena.
Cuando  se  tenía que  hacer  su  moño, yo le  daba  las  horquillas  para  que  se lo hiciera.
La  casa  de  mi  abuela  tenía  mucha  historia.  Cuando  fue  pasando  los años y todos  sus  hijos  ya  tenían sus casas, la de mi abuela  se quedó  con  el nombre  la  casa vieja. Para  nosotras  esta  casa  de  mi abuela nos traía muchos recuerdos porque  crecimos allí.

Altagracia

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